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Lo que el Viento se Llevo (70 aniversario)

aZZul | 15 Diciembre 2009 – 15:553 Comentarios

lo-que-el-viento-se-llevo1“A Dios pongo por testigo,  a Dios pongo por testigo de que no lograran aplastarme Viviré por encima de todo esto  y cuando haya terminado nunca volveré a saber lo que es el hambre No, ni yo ni ninguno de los míos. Aunque tenga que estafar, ser ladrona o asesinar, a Dios pongo por testigo de que nunca más volveré a pasar hambre.”

original

70 Aniversario de una leyenda

El día 15 de Diciembre de 1939 toda Atlanta era una fiesta. La sencilla capital de Georgia, que aún sufría las secuelas de la guerra civil, se había convertido en el centro del mundo cinematográfico. El alcalde decretó el día festivo no solo para los organismos oficiales sino para todos los ciudadanos. Todos tenían su tiempo libre para participar en las celebraciones organizadas con motivo del estreno mundial de la que habría de convertirse en la más famosa película de todos los tiempos y cuya acción sucedía, en su mayor parte, en Atlanta.

Estaban allí los protagonistas de la superproducción  que habían dado vida a los personajes de la novela. Los ciudadanos, llegados hasta la capital desde todos los condados circundantes, pudieron ver de cerca a Clark Gable, a su flamante esposa, Carole Lombard, Olivia de Havilland, Irene Mayer Selznick y, sobre todo, a David O. Selznick llevando del brazo a la desconocida actriz inglesa a la que le dio el papel femenino más famoso de la historia del cine: Vivien Leigh.

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Dos mil selectos invitados, entre ellos los últimos soldados de gris sobrevivientes de la contienda civil, fueron los privilegiados que pudieron ocupar los asientos del enorme Gran Cinema. La entrada había sido decorada con una réplica de la fachada de Tara, la mansión de los O’Hara, y unos enormes focos iluminaban la tarima por donde iban entrando las celebridades. Acompañada por su marido y el alcalde de Atlanta, llegó la diminuta Margaret Mitchell, autora de la  novela más famosa y más vendida de la historia de la literatura de Estados Unidos con la que había emocionado a medio mundo.

Por fin, a las ocho en punto de la tarde, las luces se apagaron y aparecieron los primeros títulos de la película más esperada del espectáculo moderno por excelencia. Con el rutilante tecnicolor y la desbordante banda musical que acompañaba a las imágenes, todos se sumergieron en la materialización en la historia que habían leído, e imaginado,  en el celebérrimo libro.

Después de la fanfarria de presentación de la Selznick’s Internactonal Pictures y la obligada referencia a que se trataba de la versión cinematográfica de la novela de Margaret Mitchell sobre el viejo Sur, al compas de las notas principales del tema musical apareció el titulo en la pantalla:

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Cuando terminó la primera parte, no se oía en la sala ni la respiración de los hechizados espectadores. Nadie se movía, era como si no hubieran visto una película nunca en sus vidas. Después de unos minutos, se fueron levantando estremecidos, desbordados por la extraordinaria experiencia, para dirigirse a los descansillos donde les sirvieron un cóctel.

Concluida la segunda parte, es decir, toda la película, los pañuelos de las mujeres y los ojos de los hombres estaban humedecidos por las lágrimas, la emoción y un sentimiento inexplicable de orgullo. Empezaron a aplaudir como a cámara lenta, alcanzando brío poco a poco, convirtiendo la ovación en un clamor que duró más de veinte minutos. Selznick, sujetando la mano de Vivien Leigh, le indicó que debían ponerse en pie. La intensidad se desbordo, aún con más ganas. No podían dejar de aplaudir. Era un estruendo. David O. Selznick y Vivien Leigh saludaban con la cabeza. Estas dos personalidades, de caracteres fuertes y muy ambiciosos, habían  dado vida a la heroína americana, Escarlata O’hara y su epopeya.

Selznick comprendió que había ganado, que su gigantesco trabajo había merecido la pena. Su película seduciría al mundo entero por muchos, muchos años.

El tema principal de “Lo que el viento se llevó”  es la supervivencia por encima de la derrota. Y ese es el secreto de la identificación que tres generaciones consecutivas han sentido con Vivien/Escarlata, con sus enormes ojos verdes llenos de tristezas y de fracasos, esforzándose por agarrarse a la esperanza en aquel inolvidable primer gran plano del final: “Tara es mi hogar. Allí encontraré la manera de hacerle volver. Después de todo, mañana, será otro día”.

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Con esta reacción orgullosa de los que se niegan a aceptar la derrota, aunque cuando  los miren fijamente, cara a cara, Vivien/Escarlata entró para siempre en el limbo de los íconos intocables. Nadie se atrevía ni a pensar que otra actriz hubiese interpretado el papel. Era imposible. Vivien Leigh sería Escartata O’Hara para siempre, tal y como Selznick lo había imaginado tan pronto como la conoció durante el rodaje del incendio de Atlanta. Una belleza exquisita, desconocida y absolutamente convencida de que ella estaba dotada para darle vida a ese personaje complejo, oscuro, ambicioso e implacable. Porque Escarlata es la mente de un homosexual en el cuerpo de una mujer. No pudo quedar más claro en la escena del barbacoa, en la plantación de los Wilkes, “Doce Robles”, cuando Escarlata O’Hara, con un gesto audaz,  hace un guiño peligrosísimo a la más controvertida e irreverente de las perversiones para una sociedad puritana y llena de míseros prejuicios: la promiscuidad.

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Para tener a todos los muchachos guapos, jóvenes y deseables junto a ella, renuncia a comer en la mesa, donde solo puede tener uno a cada lado, y busca sitio debajo de uno de los robles permitiéndoles a todos que la rodeen, se aproximen a ella hasta sentir sus alientos, tentándoles a todos con su inoportuno escote para esa hora del día. Mientras ellos, briosos y anhelantes, esperan a que ella colme sus deseos.

Siempre luchando por conseguir lo imposible,  siempre negando lo que más le conviene para no sentirse cautiva de nadie, Escarlata es un gay rebelde enfrentado a un mundo homófobo e intransigente, un homosexual que busca su libertad, la consigue y paga el precio más aterrador de todos, el rechazo y la soledad absoluta. De nada le sirve reconocerle al macho dominante Gable/Reth que se arrepiente de todas sus veleidades pasadas; de nada le sirve desnudar ante él sus miedos e inseguridades, de nada le sirve decirle un  tardío “te quiero” pero que le salió de lo más profundo de su alma torturada. El macho no perdona, el macho no redime, sus garras de conquistador enfilan hacia otro objetivo. La fuerza de Escarlata, con su homosexual  latente debajo del lúgubre vestido negro, desaparece y se rinde: “Si tu te vas, ¿Qué podre hacer yo? ¿A dónde iré?”. Y con ese desprecio que produce en el macho dominante comprobar que su objeto de deseo se entrega sin resistencia, Gable/Reth se vuelve, la mira y la humilla para siempre: ”Francamente, querida, me importa un bledo.”

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Rindiéndose ante la evidencia de su caída, ese gay decepcionado que es Escarlata cierra la puerta. Piensa en voz alta, duda, intenta encontrar un resquicio de salvación. Pero se derrumba sobre los peldaños de la escalera de su lujosa mansión. Solo le queda el dinero, lo material, aquello que juró que nunca más le volvería a faltar.

Y entonces, Escarlata pronuncia la frase que resume todas decepciones de la vida cuando el orgullo y el espíritu de lucha pierden sentido: ”¡Que me importa ya nada!”.

La película arraso en taquilla durante cuarenta años consecutivos (1939 -1980). Es la más taquillera de todos los tiempos. Taquillera de verdad. Los espectadores tenían que hacer cada vez, pero sin cansarse nunca, interminables colas para conseguir su ticket de entrada y pasar a la sala de proyecciones para volverse a sumergir, una y otra vez, en la trama de amoríos, guerra, derrota  y decepciones contada en rutilante tecnicolor. Faltaban muchos años para que llegaran los vídeos, los DVD y no digamos, el “bajar la peli” de Internet. Aquella recaudación fue auténtica.

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A medida que los países del mundo que se vieron arrasados por la segunda guerra mundial fueron levantando la cabeza, como Escarlata cuando juró no volver a pasar nunca más hambre después de caer desfallecida en las rojas tierras de Tara, los estrenos se sucedieron en todos los idiomas conocidos. Salvo el área comunista, el resto de la humanidad se maravillaba una y otra vez con este gran espectáculo.

En España se estreno en 1950 en el cine Palacio de la Música. Uno de los muchachos acomodadores, que muchos años más tarde se estableció en una cafetería en la calle Ponzano de Madrid, donde acostumbré  a tomar café en los años setenta por ser vecino del aquel barrio, me contó que nunca en toda su larga vida (era un hombre mayor pero con excelente memoria) había vuelto a ver las interminables colas que se formaban en la Gran Vía madrileña a la hora de cada pase de la Película. Decía, convencido de su sabiduría: “Eso si se lo llevó el viento, porque ya nadie se volcará con una película como con la más famosa de todas. Y doy fe porque lo viví, lo vi”.

“Lo que el viento se llevó” ha contado con la mayor audiencia que jamás haya tenido una película. Recaudó dos mil millones de dólares en esos cuarenta años. Si además tenemos en cuenta el valor del dólar en aquella época, la cifra no tiene ni tendrá jamás parangón. Es insuperable. Un acontecimiento excepcional que muchos han querido igualar  y ninguno lo ha conseguido. Es única por su espectacularidad y sus excesos.

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En 1981, con el arrollador éxito de “Tiburón”, los críticos aceptaron que “Lo que el viento se llevó” había sido desbancada. Pero su larguísimo reinado no lo ha tenido ni lo volverá a tener nunca más ninguna otra película. En Londres, permaneció en cartelera, sin interrupción, veinte años. Se hicieron reposiciones con honores de estreno a nivel mundial en 1960, 1970, adaptada al sonido estereofónico y pantalla grande (70 mm). En 1980 fue su última gala mundial en salas de cine.

Cada relanzamiento tuvo su slogan destinado a glorificarla:

“La más laureada, la más aclamada, la más admirada película de todos los tiempos” (1960)

“La película que ha vencido al tiempo” (1970)

“Eternamente nueva” (1980)

Luego vinieron los pases por televisión bajo contratos multimillonarios en exclusiva. En España,  el director general de TVE en 1986, Luis Calviño, consiguió cerrar la negociación con la MGM  pagando 140 millones de pesetas por la emisión de “Lo que el viento se llevó” en la primera cadena. Fue en septiembre y modificaron la programación habitual de aquel viernes para favorecer la máxima audiencia. Se agotaron todas las cintas de VHS vírgenes de larga duración. El  país entero se sentó aquella noche frente al televisor para vez por primera en la intimidad del salón de casa la lucha y posterior caída de Escarlata O’Hara, mientras quedaba grabada para poderla revisionar un sinfín de veces.

Con motivo de sus 50 años, en 1989 se puso a la venta un cofret de lujo con la versión VHS remasterizada. Cuando se impuso el DVD, otra nueva versión, con la riqueza del color de la versión original, llego a los puntos de venta más especializados. Siempre despierta admiración en las nuevas generaciones que ven un producto que ya es historia. Es la película culminante de una época y una forma de hacer cine hoy completamente desaparecidas.

¿Cómo se puede crear un fenómeno de esta naturaleza sin tener, ni remotamente, los recursos técnicos y virtuales de los que se disponen hoy?

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Lo que el viento se llevó” es el fruto de la fe ciega, el esfuerzo agotador de un conjunto de artistas de una calidad ya inexistente, la confusión, el caos y la buena suerte bajo la batuta de esa mezcla de coraje, ambición, energía y voluntad de hierro que fue David O. Selznick. Llevó a todos hasta el límite de sus posibilidades y el resultado es un producto cinematográfico inimaginable de repetir en la actualidad.

LOS DATOS MENOS CONOCIDOS DE LA CREACIÓN DE ESTA MÍTICA PELÍCULA.

Título original: Gone Wihit the Wind

Periodo de producción:

  • Fase preparatoria: 1936 – 1938
  • Rodaje: 1939
  • Estreno mundial: 15 de Diciembre 1939 (Atlanta – Georgia- USA)

Productor: David O. Selznick, es el autentico creador de la película. En un principio no quería comprar los derechos de la novela de Margaret Mitchell. Dudaba de  la historia. Pero ocurrió algo que le hizo cambiar completamente de opinión.

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Irving Talberg, el gurú, el genio, el consejero y niño mimado de Louis B. Mayer, dueño y señor de la MGM rechazo el libro aludiendo que era una novela enorme imposible de rodar y que, además, al público americano ya no le interesaban las historias sobre la guerra civil. Dada la circunstancia de que Selznick estaba casado con Irene Meyer, hija del magnate viviente de Hollywood, quiso demostrarle a su suegro que él, siendo un productor de mediana escala, podría sacar adelante un proyecto que se le hacía grande a la más poderosa factoría de la Meca del cine.

En agosto de 1936, un mes antes de la publicación de la novela, pago cincuenta mil dólares, una fortuna de entonces, a la autora por adquirir los derechos para poder rodar la versión cinematográfica. El contrato se cerró por un periodo de 75 años, 1936-2011. Es decir, que en poco más de un año, habrá vencido y los responsables de la Fundación Margaret Mitchell, que murió sin hijos, pueden volver a venderlos a otra productora siendo completamente legal realizar una nueva versión. ¿Quizás es lo que está esperando James Cameron, rodeado de silencio desde su exitosa versión de “Titanic”?.

La primera decisión que tomo Selznick fue que su íntimo amigo George Cukor sería el director de la película. De hecho, trabajaron juntos, codo con codo, durante todo el denso periodo de la preparación del rodaje.

Cukor fue el responsable de hacer las pruebas a todas las actrices que aspiraron al papel de Escarlata O’Hara. También fue Cukor quien  inicio el rodaje y  dirigió la celebérrima escena en la que la sirvienta de confianza de la familia O’Hara, Mami, ajusta el corsé mientras Escarlata aguanta la respiración agarrada al ébano de la cama.

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Pero cuando llego al plató el todo poderoso Clark Gable se produjo un cisma irremediable. Gable le tenía pavor al papel de Reth Butler. Lo acepto por imposición de su jefe, Louis B. Mayer. Nunca había interpretado un personaje extraído de una novela. Y menos aún, de un best-seller que estaba arrasando Estados Unidos de punta a punta.

Acostumbrado a que  le escribiesen papeles que se adaptaban a su propia personalidad, su aportación creativa era mínima. Si, era una estrella, una gran estrella, pero no un gran actor.

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Por eso sintió de inmediato que no estaba cómodo con Cukor, conocido por ser un gran director de actrices. Las inseguridades de Gable preocuparon mucho a Selznick que temía que se produjese, cuando llegara el momento de rodar las grandes escenas épicas de la película, un choque frontal entre el director Cukor y la gran estrella Gable. Rindiéndose a la evidencia, Selznick claudicó y Cukor fue despedido.

David O. Selznick acudió a su suegro, Louis B. Mayer, y le pidió al director Victor Fleming para reemplazarlo. La MGM respondió de inmediato cediendo a Victor Fleming que acababa de rodar “El mago de Oz”.  ¿El secreto de esta rápida concesión? Clark Gable era íntimo amigo de Victor Fleming.

Irving Talberg falleció de cáncer de manera fulminante y cuando Mayer se recupero de la pérdida de su brillante consejero,  se encontró con el hecho real de que la novela “Lo que el viento se llevó”, que  había desdeñado por escuchar un consejo equivocado, se había convertido en un fenómeno editorial sin precedentes en Estados Unidos. Todo el país suspiraba con la dramática historia de su guerra civil. Meyer comprendió de inmediato que todos esos lectores, que se contaban ya por cientos de miles, querrían ver la película, olió el dinero que eso supondría  y se subió rápidamente al carro negociando con su yerno la adquisición de los derechos mundiales para la distribución de la película.

La Metro se asociaba con Selznick’s International Picture asegurándole una amplia distribución y la mayor publicidad posible a “Lo que el viento se llevó”. A cambio, Louis B. Mayer, cedió a Clark Gable, que el público reclamaba como el único que podía encarnar a Reth Burtler en la pantalla  y  aportó a la producción un millón y cuarto de dólares.

Selznick había conseguido su primer jaque mate.

El coste final de la película se disparó a cinco millones de dólares, cuando una barra de pan en USA costaba cinco céntimos y un obrero ganaba 18 dólares al mes.

Durante el rodaje, la prensa llego a calificar a la película como “la locura de Selznick”, convencidos de que se arruinaría. Pero Selznick siguió hasta terminarla y estrenarla en Atlanta sin oír los comentarios que se hacían sobre él.

Consiguió tan colosal  triunfo con solo 38 años. Durante el resto de su vida produjo otras grandes películas pero irremediablemente eran comparadas con “Lo que el viento se llevó” pareciendo siempre inferiores.

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Director artístico: William Cameron Menzies fue el responsable de dibujar la película, plano a plano y supervisar toda la riqueza del tecnicolor. Dirigió personalmente la exuberante escena del incendio de la ciudad de Atlanta, provocado por el propio ejército confederado para no dejarles nada a los unionistas invasores.

Para recrear ese  infierno de fuego que vemos en la pantalla, se quemaron todos los decorados acumulados durante años en la parte trasera de los Estudios Selznick’s pertenecientes a películas tan conocidas como “King Kong”, “El jardín de Ala”, “Historia de dos ciudades”

Menzies utilizó las ocho cámaras de tecnicolor que habían entonces en Hollywood y se hicieron innumerables ensayos para que nada pudiese fallar: el humo, la intensidad de las llamas, las explosiones. Todo lo tuvo en cuenta. Era una escena que no se podía repetir. La tonalidad del fuego tiño el cielo de la ciudad aquella noche del 11 de Diciembre de 1938. La centralita de los Estudios Selznick’s se bloqueó con un sinfín de llamadas para averiguar que era ese fuego. El rumor que corrió por Hollywood fue que la MGM estaba en llamas. Para David O. Selznick supuso el momento de mayor regocijo y placer de todo el rodaje de la película.

El más estrecho colaborador  de Menzies fue el responsable de los decorados Lyle Wheeler. Creo más de noventa ambientes diferentes. Toda la película, salvo escenas bien conocidas, fue rodada en los estudios Selznick.

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Efectos especiales: Jack Cosgrove tuvo que inventar sobre la marcha cientos de ingenios para resolver los continuos retos que se planteaban en un rodaje sin precedentes. Las escenas de fotografía trucada consistían en volver a fotografiar las escenas rodadas ocultando en negro la parte de los edificios modernos que  rodeaban al estudio y volverlas a fotografiar sobre cristal pintado con los idílicos paisajes que vemos en la pantalla. Nunca tuvieron que construir ningún techo, el talentoso Jack Cosgrove los pintaba todos con la técnica de fotografía trucada. En muchos momentos en que el equipo técnico se encontraba en una situación que parecía sin salida, Cosgrove encontraba siempre un recurso ingenioso para resolver el problema.

Guionista: Sidney Howard, fue el responsable de la adaptación de la novela de Margaret Mitchell (que consta de 1.100 páginas) y convertirla en un guión cinematográfico de tres horas y media de duración dividido en dos grandes partes. Discutió mucho con Selznick acerca de su visión reducida de tan larguísima novela. Pero al final el productor comprendió que el resumen de Howard era insuperable y lo siguió meticulosamente. Sidney Howard nunca vio la película. Murió a consecuencia de un accidente antes de que terminara el rodaje.

Diálogos: David O.Selznick y Bárbara Keon

Música: La partitura musical, considerada como todo un monumento de la historia del cine, fue creada por Max Steiner. El tema principal, llamado “Tema de Tara”, se considera la música de “El Cine”. Orquestada en torno a dieciséis temas principales y un sinfín de temas secundarios que se adaptaban mágicamente a cada escena, cada situación, cada movimiento de los actores, el acompañamiento musical de Steiner supero todas las expectativas del productor Selznick. Se lo recompensó haciéndole figurar en todos los carteles publicitarios que se crearon para la película a lo largo de aquellos cuarenta años. “Lo que el viento se llevó sin la música de Max Steiner nunca hubiera sido lo mismo.

Vestuario: Walter Plunckett fue el responsable de un prodigio de color, lujo e imaginación. Diseñó más de cien modelos para los cuatro actores principales. Para contribuir al trabajo de los actores y a la máxima expresividad de cada situación, elegía meticulosamente los colores de los diseños de cada escena..

Los vestidos de Escarlata O’hara pasaban del verde manzana de la primavera anterior a la guerra a la vorágine de los lutos encadenados por las muertes de sus  dos primeros maridos,  pasando por el desafiante color rojo del vestido que se utilizó en la escena del cumpleaños de Ashley cuando estaba acosada por las acusaciones de adulterio que India Wilkes hizo correr por Atlanta.

Maquillajes y posticería: Monty Westmore invento toda una nueva técnica de  maquillaje para adaptarlo al tecnicolor. Maquilló personalmente a Vivien Leigh y a Olivia de Havilland


Directores:  George Cukor, Victor Fleming, Sam Wood (Victor Fleming es el único que figura en los títulos de presentación de la película).

Victor Fleming se enfrento a la escena más difícil de todas:  la panorámica general, que apenas dura treinta segundos en la pantalla, con toda la explanada de la estación de Atlanta llena de heridos de  guerra, más de 2000 cuerpos, muchos de los cuales eran simples maniquíes articulados. Tuvieron que alquilar, en unos astilleros, una grúa que se elevaba hasta veinticinco metros para conseguir que la cámara captase toda la composición y causar en los espectadores el máximo impacto con esta secuencia que se llamó en el script “La caída del sur”. Fue la escena más cara del rodaje.

Reparto:

Vivien Leigh: dueña absoluta de la película. Aparece en el 95% de las secuencias. Encarnó magistralmente a la mítica Escarlata O’Hara. Se impuso a todas las estrellas de Hollywood que aspiraban al papel, entre ellas auténticas diosas de la época, como Bette Davis, que siempre estuvo convencida de que el papel sería para ella.

Desde que se decidió a producir la película, para Selznick la situación ideal era descubrir una actriz para interpretar a Escarlata O’Hara, que el público no conociera nada de su aspecto hasta que la vieran en la pantalla. Por eso derrocho tanto dinero en  efectuar más de quinientas pruebas a todas las candidatas anónimas que se veían en el papel. Pero ninguna le gustaba a Selznick, que se iba conformando con la idea de que Paulette Gauddard era su mejor opción posible.

Vivien Leigh era la amante de Lawrence Olivier que estaba en Hollywood rodando “Cumbres Borrascosas”. En Diciembre  de 1938 Vivien cruzó el Atlántico y viajo a Nueva York y desde allí voló a Los Ángeles para reunirse con Lawrence quien la presentó a su agente que era, ni más ni menos, que Myron Selznick, hermano de David. Cuando la vio pensó de inmediato que podía ser lo que su hermano estaba buscando. Con una risita irónica le preguntó: “¿Quieres ver como se rueda un incendio?”.

La noche del 11 de Diciembre de 1938, en medio del fragor del rodaje del “incendio de Atlanta” Myron Selznick se acerco a su hermano y le dijo. “Oye, genio, te presento a tu Escarlata O’Hara”. David O. Selznick miró aquel bellísimo rostro iluminado por las llamas del fuego y todo encajo como por magia. Selznick le pidió a Cukor que al día siguiente le hiciera las pruebas a puerta cerrada. En una entrevista que concedió en 1965, Cukor explicó que Vivien Leigh leyó el guión con una inteligencia y una pasión como no había visto en ninguna de tantas otras candidatas como había probado.

El día de Navidad de 1938, Selznick le comunicó a Vivien oficialmente que el papel era suyo.  El mundo entero le dio la razón y la interpretación de Vivien Leigh está considerada como un auténtico hito. Le dieron el Oscar a la mejor interpretación femenina, teniendo como rivales, nada menos que a Greta Garbo (Ninotchka) y Bette Davis (Amarga victoria).

Clarck Gable: la estrella más importante del cine de aquellos años, y uno de los actores míticos de todos los tiempos. A pesar del tremendo miedo que le daba el papel de Reth Butler su trabajo fue impecable. Le nominaron al Oscar como mejor actor. Aparece en un 45% de la película.

Muy consciente de que Vivien era la protagonista incuestionable, la trato con el máximo respeto. Pero nunca surgió entre ellos amistad alguna. Cuando terminó el larguísimo rodaje y las fiestas de los estrenos en Atlanta, Nueva York y Hollywood, en la que tuvieron que aparecer junto por razones obvias, nunca más se volvieron a ver en todas sus vidas.

Olivia de Havilland: siempre quiso ser Melania y Selznick la vio, desde un primer momento, perfecta  para ese papel. Tuvo que solicitar permiso a los estudios con los que tenía un contrato en exclusiva, la Warner. Pero el amo de la productora, Jack Warner, se lo negó argumentando que en “Lo que el viento se llevó” el único papel verdaderamente importante era el de Escarlata y el no iba a consentir que una de sus primeras estrellas hiciera un papel segundón como era el de Melania.

Olivia de Havilland le explicó, sin éxito, que ella no quería el papel de Escarlata, sin embargo le entusiasmaba la idea de encarnar a Melania Hamilton. Ante la persistente negativa de su jefe, Olivia de Havilland no dudo en buscar la complicidad de la mujer de Jack Warner. La invitó a tomar el té y le explico la situación en la que se encontraba. La señora Warner, que  por supuesto había leído la novela y comprendía bien la importancia del papel de Melania, le prometió que haría todo lo posible.

Se fue a ver a su marido y le dijo, claramente, que tenía en su mano la única posibilidad de colocar a una estrella de su productora en una película que, sin dudas, tendría mucho éxito (sin imaginar hasta donde habría de llegar, por supuesto) y que si no lo hacía se quedaría fuera de juego. Jack Warner, inquieto por la realista argumentación de su mujer, dio su consentimiento. Olivia de Havilland hizo una excelente lectura del papel de Melania y fue nominada al Oscar como mejor actriz secundaria.

Leslie Howard: asumió la responsabilidad de interpretar a Ashley Wilkes. No quería de ninguna de las maneras ese personaje, pero Selznick, que no encontró a ninguno mejor para encarnar al romántico enamorado de Escarlata, le convenció dándole, a cambio, la producción de su próxima película, “Intermezzo”, en la que lanzaría a una nueva actriz sueca, que nadie conocía. Se llamaba, Ingrid Bergman.

Como siempre había soñado con ser productor, Howard se dejo seducir y acepto el papel de Ashley aunque sin el más mínimo convencimiento.

En mi opinión, es el único error del reparto. No da el físico que describe la autora de la novela, Margaret Mitchel. Pero hizo un trabajo digno.

Hatty MacDaniels: Mami, la sirvienta de Escarlata, fue interpretada por esta excelente actriz de color. Su trabajo, que ha quedado en la memoria de todos como imborrable, se vio recompensado con el Oscar a la mejor actriz secundaria. Fue la primera persona de color (mujer/hombre) que recibió un Oscar en la historia del cine.

El resto del reparto es el adecuado. En total 63 actores con papeles secundarios, simples palabras pronunciadas en algún momento de la película o figuraciones que hilvanan con los innumerables personajes de la novela.

LA CEREMONIA  DE LOS OSCAR

En opinión de todos los expertos y críticos en 1939 se produjeron más películas clásicas que en ningún otro año. “Lo que el viento se llevó” tuvo que competir con títulos trascendentes como El Mago de Oz, La Diligencia, Ninotchka, Cumbres Borrascosas, Esmeralda la Zingara, Elizabeth y Essex, Amarga Victoria, Adiós Mr. Chips, Jesse James, Beau Geste…

¿Cómo escoger a un ganador entre tantos ganadores?

La noche del 29 de Febrero de 1940 se celebró la ceremonia de entrega de los Oscar en los salones del Hotel Ambassador de Hollywood. Esta fue la apoteosis de “Lo que el viento se llevó”, nominada en 14 categorías. En un hecho sin precedente, los premios se convirtieron en algo extraordinario.

El presidente de la Academia de entonces, Walter Wanger, dio la bienvenida a tan selectísima concurrencia y paso la palabras a Bob Hoppe que fue el maestro de Ceremonia. Y comenzó la entrega de las estatuillas:

Oscar a la Mejor Fotografía en Color: Ernest Haller y Ray Rannahan por “Lo que el

viento se llevo”

Oscar a la mejor dirección artística: William Cameron Menzies por “Lo que el

viento se llevo”

Oscar al mejor montaje: Hal Kern y James Newcom  por “Lo que el

viento se llevo”

Oscar a la mejor fotografía en color: Ernest Haller y Ray Rannahan por “Lo que el

viento se llevo”

Oscar a la mejor decoración: Lyle Wheeler por “Lo que el   viento se llevo”

Oscar al mejor guión adaptado (póstumo): Sidney Howard por “Lo que el viento se

Llevo”

Oscar a la mejor actriz de reparto:  Hattie McDaniel por “Lo que el viento se llevo”

Oscar a la mejor actriz del año: Vivien Leigh por “Lo que el viento se llevo”

Oscar al mejor director: Victor Fleming por “Lo que el viento se llevo”

Oscar a la mejor película del año: Lo que el viento se llevo”

Oscar Irveng Talberg al mayor logro y aportación a la Industria del Cine:                 David O. Selznick por “Lo que el viento se llevo”

Tres nominaciones quedaron fuera. Una, completamente comprensible. Olivia de Havilland fue derrotada por la sublime Hattie MacDaniel la entrañable Mami que nunca olvidaremos.

La segunda omisión, fue un castigo a Clark Gable. Los miembros de la Academia sabían sobradamente que esta gran estrella no era, ni de lejos, un gran actor. Ya le habían concedido la estatuilla por su trabajo en la película de Frack Kapra “Sucedió una noche”. No quisieron glorificarle con otro reconocimiento de esta envergadura aunque su trabajo encarnando a Reth Butler es impecable. Gable, durante la misma cena de la  Ceremonia, comentó a los íntimos que compartían mesa con él, que al negársele este Oscar nunca más lograría otra estatuilla.

La tercera omisión fue una crueldad deliberada, desgarradora, sin piedad. No quisieron darle el Oscar a la mejor Banda Musical a Max Steiner por su portentoso trabajo en la creación de la música para “Lo que el viento se llevó”. Literalmente, se lo negaron aunque todos estaban deslumbrados por su insuperable trabajo. Pero Max Steiner era judío y homosexual. Está claro que los miembros ultraderechistas de la Academia de Hollywood estaban más cerca del credo Nazi que de la justicia por recompensar un trabajo titánico.

De hecho, Max Steiner fue nominado, a lo largo de su fecundísima carrera, 22 veces al Oscar, incluyendo su otra partitura mítica, “Casablanca”. De nada le sirvió. Estaba en la lista negra de las mentes bien pensantes de aquel Hollywood lleno de ultraderechistas.

Como en un gesto de caridad, que rozaba más la humillación que el reconocimiento, le concedieron el Oscar por dos películas menores, pero que el sublimó con su partitura musical: “Desde que te fuiste” y “La extraña pasajera”.

Pero la escandalosa crueldad fue que no se lo dieran ni por “Lo que el viento se llevó”, que con las notas del llamado “Tema de Tara” ha emocionado a millones de personas, ni por “Casablanca”, cuyo tema principal, “El tiempo pasará” sigue siendo adorado hasta por las generaciones de último minuto.

Después de esta noche de Gloria, “Lo que el viento se llevó” entro en un estadio de mágica metafísica que la hizo invulnerable, intocable, una deidad dentro del universo del celuloide. No había nada más que decir, reconocida como un gran, gran espectáculo, ha conmovido a unos doscientos cincuenta millones de espectadores de todos los países, de todas las razas. Este fue el último capítulo del milagroso proceso de su increíble producción.

Unas pocas semanas después de su estreno mundial en Atlanta, “Lo que el viento se llevó” ya era una leyenda, se había situado por encima de cualquier comparación, de cualquier cuestionamiento. Era inimitable e imbatible.

A pesar de todos los medios virtuales que tenemos hoy, de todos los avances que ha experimentado el cine, ¿será igual una segunda versión de “Lo que el viento se llevó”?

En mi opinión, es imposible. Nunca más se producirá un fenómeno semejante. Nunca más se repetirá una gloria así en Hollywood. Un mito de esta naturaleza solo se concibe una vez.

Por: David MUGLER para VanityGay.com


Por aZZul en Actualidad, Cultura
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3 Comentarios »

  • Munyeco dice:

    ¡Como os lo habéis currado! menuda enciclopedia. Felicitaciones!

  • Hyparion dice:

    Fabuloso artículo, me he enterado de muchisimas anécdotas hasta ahora desconocidas para mí, sobre una de mis películas favoritas, Gracias VG

  • Benjamín dice:

    David & Vanity =)

    En verdad que se trata de un compendioso artículo de esa peli que siempre arrobará a quienes gustamos de mujeres tan hermosas y tan bellamente vestidas, rodeadas de un mundo idílico. Si bien el análisis de la “Scarlet gay” es un tanto aventurado, el resto de la información condensada resulta en verdad del todo ilustrativa para formar nuestra cultura cinematográfica. GRACIAS por artículos como éste.

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